Continuación de la entrevista a Enrique Rojas

¿Y la motivación?

Es esa botella que el náufrago se encuentra en alta mar con un mensaje decisivo. Deriva de motus: algo que te empuja, mueve, arrastra… Y puede ser física (adelgazar, tener dinero o posición), psicológica (conocerse a uno mismo), social (obtener reconocimiento) y cultural (saber cosas, ser libre).

Subamos ya la escalera de la voluntad.

Voluntad es tener objetivos y poner todos los medios para alcanzarlos. Es determinación, propósito firme, intención sólida para conseguir algo. La voluntad es el principal indicador de madurez de la personalidad.

¿Sí?

¡Es la joya de la corona de la conducta! Es la capacidad para aplazar la recompensa. Alguien de inteligencia mediana con mucha voluntad… ¡llegará más lejos que otro más inteligente pero menos voluntarioso!

¿Algún ejemplo?

¡Tantos! Cada persona que estudia durante seis años para presentarse a unas oposiciones… La voluntad te lleva a la autorrealización, a una vida lograda. Toda educación empieza y termina por la voluntad.

¿Qué es educar?

Seducir con lo valioso para convertir a alguien en persona. Puedes errar en el precio, pero no en la mercancía.

¿Subimos a la planta de arriba?

Ahí está la razón con sus instrumentos: pasa por observar y tomar notas. Muy poca gente toma apuntes, eso nutriría la inteligencia.

Veo que no es más inteligente quien no quiere serlo…

Y la inteligencia es lo que te hace libre, te hace volar. Dijo Lao Tse: “El que conoce lo exterior es erudito. El que conoce lo interior es sabio. El que conquista a los demás es poderoso. El que se conquista a sí mismo ¡es invencible!”. Y Nietzsche coincidirá: “El que no sepa mandar en sí mismo, obedecerá”.

Para acabar, doctor, recéteme tres hábitos que me tonifiquen la inteligencia.

Uno, piensa con argumentos. Dos, lee contra viento y marea. Y tres, establece juicios precisos sobre tu vida y sobre la realidad.

Así seré más inteligente, pero… ¿seré también más feliz?

La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.

 

Extracto de una entrevista con Enrique Rojas, médico psiquiatra. Fuente: La Vanguardia.

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